Me quedé en este autoaislamiento mirando caer la tarde sobre mi barrio, sobre las hojas otoñales de los árboles de la vuelta de casa en el frío de agosto. Falta un espejo, pienso, para mirarme las muecas al redescurirlo todo y falta un cesto para los papeles o bosquejos de palabras entorpecidas, empujadas unas tras otras.
Otros son los movimientos ahora, el ruido de un placard cerrándose en un cuarto pegado a este, luces de departamentos que a lo lejos me hacen un guiño, frenos de los ómnibus que pasan por el frente y el costado de casa, una persona a dos edificios de aquí levantando la ropa del balcón van anunciando la aparición de la noche sobre Buenos Aires...
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